anatomía experiencial aplicada al yoga

Cada entrevista es una oportunidad para ir un paso más allá en la comunicación a través de la palabra. Para encontrar las más adecuadas, las que traen consigo la experiencia de donde surge lo contado.

Eso sí, hace falta una entrevistadora de las buenas… ¡Como la que tuve en esta ocasión!

Fue un auténtico placer conversar Lucía Passardi sobre la Anatomía Experiencial aplicada al Yoga en esta entrevista para Yoga Journal España.

 

La aventura de conocer la naturaleza de nuestro organismo

y cómo es su funcionamiento a través de la experiencia

sensorial directa.

 

Tere Puig se formó en las escuelas de Hatha y Kundalini y, durante años, enseñó en sus clases las técnicas del Yoga aprendidas en ambas escuelas. Después, se especializó en Yoga prenatal y en familia.

Su curiosidad por ir más allá de las formas de las posturas la llevó a conocer el trabajo de Jader Tolja en 2008, a partir de entonces comienza su andadura en esta nueva pedagogía e imparte, desde 2018, la formación de Anatomía Experiencial aplicada al Yoga, en Happy Yoga Barcelona.

Su recorrido y forma de entender la práctica le ha llevado a publicar varios libros para la familia, la infancia y la edad adulta en los que expone, con un lenguaje más poético que técnico, esta mirada hacia el funcionamiento del cuerpo y la mente.

 

YJ. Tere, ¿qué es la anatomía experiencial?

TP. La manera clásica de aprender anatomía en occidente es a través de libros y explicaciones. Esta información va directa a nuestro intelecto y, después, nuestro intelecto empieza a buscar estas informaciones en nuestro cuerpo.

Normalmente, lo que ocurre, es que no encuentras un paralelismo directo, entre el dibujo (o el funcionamiento) que te han explicado, y lo que estas percibiendo y sintiendo. Entonces, muchas veces, invalidamos lo que estamos sintiendo para poder “creernos” lo que nos han transmitido: solemos desmentir lo que nuestra experiencia sensorial nos está diciendo.

Se trata de invertir el camino. En lugar de mirar el libro e ir al cuerpo a ver si encuentro lo que el libro dice, primero voy al cuerpo.

 

Muchas veces sucede que al tener unas ideas de alineación en asana muy prefijadas, cuando cambiamos de escuela o profesor la información que tenemos se contradice con la nueva…

Esto sucede cuando hay una visión parcial del alineamiento: pienso en alinear la pelvis con el pecho y la cabeza. ¿Y qué ocurre con lo que hay en medio? O cuando existe una idea intelectual de lo que significa alineado. Muchas personas relacionan alineado con recto.

Sin embargo, el concepto de alineación tiene que ver con el concepto de equilibrio, con la posición que te permite la máxima transmisión de fuerza y movimiento con el mínimo esfuerzo. Cuando entras en el cuerpo, estos conflictos desaparecen.

A veces, desde nuestra experiencia, pensamos que algo puede ser válido para todo el mundo y no es así. La posición en la que la persona siente equilibrio no puede ser la misma para todos. Porque cada cuerpo es diferente y el juego de fuerzas que nos mantiene en una alineación óptima es una organización única, dinámica e individual. No podemos enseñar pensando que todos tenemos el mismo cuerpo o la misma condición de salud… y no se trata de invalidar un método y validar otro, sino de contextualizar. Aquí todo es “absolutamente cierto” en la medida en que esté contextualizado.

 

“SOLO A PARTIR DE LAS EXPERIENCIAS ENTRAMOS EN CONTACTO CON

LA REALIDAD MÁS TANGIBLE DE NUESTRO CUERPO”

 

¿Cómo creamos pautas para una clase compuesta por alumnos con condiciones de salud diferentes?

Yo me di cuenta de que la “receta” que tenía funcionaba en determinadas situaciones y en otras no. Y que, además, no podía saber qué condiciones tiene la persona a quien estoy enseñando (¡imagínate si tienes 20!).

La solución fue enseñar a la persona a que reconociese su condición, y esto se consigue abriendo su capacidad de percibir. Lo primero es que la persona a quien estoy enseñando suba su nivel de percepción. Así será ella quien decida cómo coloca su pie para conseguir el objetivo que estamos buscando.

Solo el alumno sabe lo que pasa en su cuerpo, queremos entrenarles para que nos puedan transmitir lo que les pasa. Solo entonces puedes usar el conocimiento técnico para orientarle en la práctica que le lleve en la dirección que te está mostrando que necesita. En mis formaciones lo que ofrezco es una guía de asanas a través de la sensación.

 

¿En base a qué tomará estas decisiones la persona que experimenta esta metodología?

En base a las sensaciones de placer. Placer es lo que cubre tu necesidad más urgente. No podemos decir que beber agua es siempre un placer enorme, pero en determinadas situaciones sí lo es: cuando tenemos sed. En mis sesiones, placer puede ser incluso el confrontar algo difícil.

Empezamos dando siempre una pauta clara de cuál es la intención del movimiento o del asana. Por ejemplo, diré: “vamos a hacer unas torsiones para aflojar el tejido pélvico y permitir que se nutra en profundidad”. Esto nos requiere entrar en contacto con el elemento agua y la experiencia del peso.

Al iniciar la dinámica siguiendo la intención que hemos expresado, voy dando espacio a distintas preguntas en relación a ella: “¿sientes el peso?, ¿sientes cómo se está trasladando el peso al moverte?”… Si las personas no acceden a estas percepciones voy a invitarlas a que sigan buscando la percepción del peso ajustando la postura en base a las sugerencias que considero oportunas. Pero sobre todo dándoles libertad para que sigan lo que ellas mismas vayan sintiendo que es lo mejor. Su cuerpo, de todas las opciones que tiene para conseguirlo, escogerá siempre la más placentera, la que cubre sus necesidades urgentes.

Es una forma de conocer el estado del cuerpo del alumno y de que él lo conozca. Buscamos contrastar lo que le pasa al alumno con lo que creemos que le pasa, porque muchas veces lo que creemos que le pasa son proyecciones de nuestra propia experiencia. Y dar instrucciones a un alumno a partir de una idea equivocada del estado de su cuerpo y psique es tan arriesgado como medicar a alguien a partir de un mal diagnóstico.

 

Hay mucha responsabilidad en el alumno/a en esta toma de decisiones, ¿qué intención hay aquí?

Lo que se pretende también con este método es entregar el poder a las personas que vienen a clase. Que el alumno recupere la confianza en su propio conocimiento y la capacidad de generarlo. Yo no quiero que las personas dependan de mí, trabajo para que las personas puedan desarrollar su autonomía. Hay momentos en la vida en que lo necesitamos y hay momentos en que no.

Cuando la persona tiene la necesidad de explorar sensaciones y seguir lo que el cuerpo le está pidiendo, es señal de que se acerca a esta etapa. Cuando lo que nos da tranquilidad, en la mayor parte del tiempo, son unas pautas concretas a seguir, es señal de que no estamos buscando una autonomía en ese campo. Y con respecto a esto, para mí lo importante, no es si estamos en una etapa u otra, si no la conciencia que tenemos de ello y que tengamos las herramientas para pasar de una condición a la otra cuando así lo decidamos. Esta es una de las habilidades que la práctica del Yoga Orgánico te va dando.

 

¿Empezar a practicar con este método puede ser difícil?

Todos tenemos caminos muy personales. Es cierto que para mí ha sido un proceso largo llegar hasta aquí, y ojalá la gente que practica ahora no tarde 20 años en llegar a esta forma de practicar como he tardado yo. Pero es cierto que “primero viene la técnica y después el arte”.

Cuando incorporamos la Anatomía Experiencial en nuestra práctica de Yoga estamos ya en el arte, antes necesitas haber dominado la técnica. Pero también es posible que haya personas que ya estén preparadas para recibir esto sin haber pasado por lo otro. Los sistemas nerviosos van evolucionando y, a veces, también las experiencias de vida pueden darte las condiciones adecuadas para que puedas integrar desde el comienzo esta forma de practicar. Muchas veces las personas que no entran en este enfoque son las que tienen muy claro que el Yoga que practican es el mejor; estas personas no disfrutan de nuestras propuestas porque aquí ponemos a revisión todo, y como he explicado, todo es válido, pero en su contexto.

 

¿Porqué es importante el lenguaje poético o metafórico para abordar esta forma de entender la práctica?

Usamos la metáfora en clase para establecer un diálogo con el sistema nervioso al completo. No solo con nuestra parte analítica y con nuestra mente consciente.

Si al hacer círculos pélvicos en pie, decimos que movamos la pelvis con nuestras piernas como si moviéramos un cuenco de agua entre nuestras manos, la información que damos al alumno es enorme: estamos moviendo una estructura que tiene una parte sólida y otra líquida; ambas dimensiones se mueven a diferentes ritmos y deslizan; necesita ser movida, el motor de movimiento es ahora externo… y al mismo tiempo totalmente personalizada: cada uno tiene una experiencia con matices distintos en cuanto a la manipulación de un cuenco, que tiene que ver con las condiciones particulares de su organismo.

Esto hace que el movimiento integre lo que conscientemente conocemos de nuestro cuerpo y toda la información inconsciente, pero absolutamente real y tangible. Estamos involucrando todo el cuerpo en el movimiento, no solo lo que pensamos que es nuestro cuerpo.