En los últimos años se habla mucho de incorporar el cuerpo al acompañamiento.
Y es fácil pensar que eso significa incorporar movimiento o ejercicios para aprender a sentir lo que ocurre en el cuerpo.
Y aunque todo ello puede ser muy valioso, podemos utilizar estos recursos sin estar acompañando con todo el cuerpo.
La pregunta no es si en nuestras sesiones el movimiento o la sensorialidad están presentes, lo que nos interesa saber es:
¿Desde qué lógica estamos acompañando?
Porque una misma propuesta puede responder a dos formas muy distintas de comprender a la persona que tenemos delante.
Y esa diferencia transforma por completo el acompañamiento.
Acompañar con todo el cuerpo significa comprender lo que está ocurriendo desde la lógica corporal y no únicamente desde la lógica cultural.
La lógica corporal y la lógica cultural
Al nacer, toda nuestra experiencia es corporal.
Tenemos hambre, sueño, curiosidad, necesidad de contacto o de descanso y actuamos siguiendo esa información. No existe otra referencia que la pura experiencia.
Con el tiempo aparece la cultura:
Nos sentimos llenas de energía y con ganas de jugar, pero es hora de dormir.
Lloramos porque nos sentimos tristes o enfadadas y recibimos mensajes de desaprobación
Tenemos hambre pero no es hora de comer.
Aprendemos horarios, normas, valores, teorías, maneras correctas de hacer las cosas y formas aceptables de sentir, pensar y comportarnos.
Y entonces aparecen preguntas que cambian el rumbo de nuestro desarrollo:
¿el cuerpo no funciona adecuadamente? ¿tiene hambre y sueño cuando no debería?
La cultura comienza a colonizar el cuerpo.
Y continuará haciéndolo durante muchos años.
La cultura es inevitable y necesaria.
El problema aparece cuando olvidamos que estas dos lógicas no siempre coinciden y, en lugar de dialogar, una empieza a dominar a la otra.
El cuerpo no se equivoca; lo que puede ocurrir es que no comprendamos sus razones
Pensemos en una persona que dice:
«Mi respiración siempre es corta.»
Podemos responder desde dos lugares muy diferentes.
Desde la lógica cultural será habitual pensar que la respiración está funcionando mal y aplicaremos técnicas para hacerla más amplia.
Desde la lógica corporal nos preguntaremos:
¿Para qué esa respiración se ha organizado de esa manera?
La diferencia no es pequeña: en un caso intentamos corregir y en el otro comprender.
La lógica corporal parte de que el cuerpo toma decisiones continuamente para mantener el equilibrio dentro de las circunstancias que está viviendo.
Eso no significa que esas estrategias deban mantenerse para siempre. Cuando cambian las circunstancias, el organismo busca reorganizarse.
Al comprender primero qué función está cumpliendo esa organización, pueden ocurrir dos cosas.
A veces descubrimos que sigue siendo la mejor respuesta posible. Y otras veces vemos que ha llegado el momento de incorporar nuevos recursos o de modificar las condiciones en las que esa estrategia se desarrolló.
Acompañar no consiste en cambiar
Uno de los comentarios en Instagram que más me hizo pensar durante este mes decía algo así:
«Cuando alguien me acompaña en mi incomodidad, muchas veces intenta quitarme el malestar.»
Creo que muchas personas reconocemos esa experiencia, tanto cuando somos acompañadas como cuando acompañamos.
Nos cuesta permanecer junto al dolor ajeno sin intentar resolverlo.
Su malestar activa nuestros propios miedos, nuestras ideas sobre cómo deberían ser las cosas o nuestra necesidad de que el otro mejore cuanto antes.
En este punto aparece el riesgo de dejar de escuchar su experiencia, de abandonar la lógica corporal para actuar respaldadas por la lógica cultural.
El diálogo entre cuerpo y cultura
Hablar de lógica corporal no significa rechazar la cultura.
Un niño cansado se duerme.
Un adulto, muchas veces, termina por no hacerlo aunque lo necesite. Tiene responsabilidades, personas a las que cuidar, trabajos que realizar y compromisos que sostener.
Por eso el objetivo no consiste en volver a la infancia ni en ignorar las normas de la cultura en la que vivimos.
Consiste en recuperar la capacidad de reconocer qué información aporta el cuerpo para ponerla en diálogo con la cultura.
Escuchar qué necesita el organismo.
Reconocer lo que exigen las circunstancias.
Y construir estrategias donde ambas dimensiones puedan encontrarse del mejor modo posible.
Entonces, ¿qué significa acompañar con todo el cuerpo?
No consiste en utilizar más recursos corporales ni en abandonar el conocimiento, las técnicas o la cultura.
Significa dejar de considerar el cuerpo como un objeto que debemos corregir y empezar a comprenderlo como un sistema inteligente que organiza continuamente nuestra experiencia.
Desde ahí cambian las preguntas, las intervenciones y, sobre todo, la forma en que miramos a la persona que tenemos delante.
Dejamos de preguntarnos qué necesita arreglar y compartimos con ella nuestra curiosidad: ¿qué función está cumpliendo la estrategia que su cuerpo ha construido?
Quizá esta sea una de las mayores diferencias entre acompañar desde una lógica cultural y acompañar con todo el cuerpo.
No buscamos llevar a la persona hacia donde creemos que debería estar.
La acompañamos para que pueda comprender mejor la organización de su propia experiencia y encontrar, desde ahí, nuevas posibilidades de relación consigo misma, con los demás y con el mundo.
Tere Puig

Muy buena reflexión, me encanta cuando alguien me invita a ver las cosas desde otro lugar,gracias por compartirla.
No te imaginas cuánto me emociona que me digas que el escrito te ha invitado a ver las cosas de otro lugar… Gracias, Mónica.
Muy de acuerdo con todo lo escrito aquí. Mucho camino por hacer en este sentido. ¡Gracias!
¡Sigamos!