¿Qué significa pensar con el cuerpo?

Hablamos de pensamiento corporal para abandonar la idea de que cuerpo y mente están separados y de que el pensamiento está reducido a la actividad intelectual.

En nuestra cultura hemos aprendido a otorgar más poder a unas zonas que a otras: a los ojos frente al resto de los sensores; a la musculatura cuando hablamos de fuerza, frente a las vísceras o los huesos…

Y, en lo individual, podemos observar algo parecido: algunas personas dan toda la responsabilidad a sus hombros, otras a su pelvis, otras a su intelecto.

Pensar con el cuerpo nos invita a cuestionar estas jerarquías, nos propone alterarlas, moverlas, jugar con ellas con el fin de generar un conocimiento más amplio, profundo y útil.

Al hacerlo, abre la posibilidad de recuperar información que quizá es muy valiosa para nosotras, pero que, debido a estas narrativas que reducen el pensamiento a lo intelectual, estamos ignorando.

La cultura dirige nuestra atención hacia unos aspectos y estrategias más que a otros, pensar con el cuerpo nos lleva a descubrir nuevas posibilidades.

Pensar con más datos

Pensar con el cuerpo es incluir la información sensorial en nuestras reflexiones.

Es pensar con más datos.

Habitualmente, cuando pensamos, damos un lugar privilegiado a aquello que podemos razonar, analizar, comparar y expresar con palabras. El pensamiento corporal propone incorporar también la información que aparece en nuestra experiencia sensorial.

Esto puede cambiar la manera en que comprendemos una situación y tomamos decisiones.

Cuanta mayor cantidad de información manejamos, más preciso puede volverse nuestro pensamiento y más ajustadas nuestras decisiones.

Pero el pensamiento corporal nos pide algo que pone a funcionar nuestra capacidad de manejar la incertidumbre: para pensar con todo el cuerpo es imprescindible acoger la información que aparece, aunque no la comprendamos o no sepamos aún tejerla con el resto.

Percibir no es todavía pensar corporalmente

 Recoger información es la primera parte del proceso y la segunda es elaborar esa información para integrarla en el pensamiento tejiéndola con conocimiento ya formulado y generar nuevo conocimiento y maneras de comunicarlo.

Todo el proceso requiere:

  • Entrenar la percepción.

  • Aprender a observar lo que sucede: distinguir, comparar, reconocer matices.

  • Atreverse progresivamente a nombrar lo que sucede en la experiencia.

  • Dialogar sin abandonar la experiencia.

 

Cómo sé que estoy pensando con todo el cuerpo

A veces me preguntan cómo saber si pensamos con todo el cuerpo o sólo con la cabeza.

Pensar con el cuerpo es un estado de conciencia distinto al que tenemos cuando pensamos sólo intelectualmente.

Diferenciarlos es parecido a aprender a diferenciar el sabor de una fresa del de una ciruela: hay que probar una y otra, observar qué las hace distintas y volver a percibir hasta que esa diferencia se vuelve evidente.

Pero sí hay algunos detalles que podemos identificar con facilidad y que caracterizan el pensamiento corporal:

  • En general, la reflexión nos toma más tiempo; estamos manejando más información.

  • No sentimos la necesidad de concluir. Hay una clara sensación de que aún hay información por llegar que irá completando la comprensión de aquello que exploramos.

  • Podemos identificar el tiempo de decalaje entre la comprensión y la capacidad de narrar y explicar lo comprendido.

  • Se identifica también la cualidad de las palabras con cuerpo frente a las que se pronuncian de manera lógica y comprensible, pero que no están respaldadas por una experiencia propia.

¿Pensar con el cuerpo es una ventaja?

Luca Landó afirma:

«Pensar con el cuerpo es la manera más eficaz de usar el cerebro».

No hace falta creerlo porque lo diga un neurobiólogo.

Podemos hacer algo más interesante: comprobarlo.

  • ¿Qué ocurre cuando incorporas deliberadamente la información sensorial a una reflexión?

  • ¿Qué descubres cuando una decisión no se resuelve solo pensando sobre ella?

  • ¿Qué ocurre cuando observas qué hace tu cuerpo mientras estás viviendo una situación de estrés?

  • ¿Qué información aparece cuando atiendes a tus relaciones, a tu alimentación o a tus decisiones desde esta perspectiva?

Pensar con el cuerpo no es una idea que tengamos que aceptar.

Es una capacidad que podemos explorar.

El primer paso es muy sencillo: empezar a prestar atención a la información que recorre el cuerpo en forma de sensaciones mientras pensamos.

Pensamiento corporal en situaciones concretas

Si quieres explorar cómo aplicar el pensamiento corporal a situaciones cotidianas, puedes continuar por aquí:

Decisiones · Alimentación · Relaciones

 

 

 

Tere Puig