Los laboratorios de pensamiento corporal son espacios de investigación experiencial, en ellos exploramos conceptos de uso cotidiano combinando reflexión, experiencia somática y diálogo colectivo.

El objetivo no es llegar a una definición cerrada, sino ampliar nuestra comprensión incorporando la información que surge del cuerpo.

Son conversatorios en los que traemos a un invitado especial: el cuerpo.
O, mejor dicho, invitados especiales: los cuerpos de todas las personas participantes.

La metodología de reflexión y diálogo que he desarrollado nos permite adentrarnos en conceptos que utilizamos de manera habitual, pero cuya profundidad y alcance no siempre comprendemos.

Paradójicamente, la comprensión más profunda nos llega de la recuperación de una inteligencia que compartimos con otras especies que muchas culturas consideran inferiores.

Podríamos decir que un gato comprende el enraizamiento de una forma mucho más completa que cualquier ser humano. No sabe explicarlo, pero lo conoce con una precisión extraordinaria y lo utiliza con una eficacia que nos resulta difícil alcanzar.

Nosotras, en cambio, podemos hablar del enraizamiento, pero lo hacemos a partir de nuestra limitada atención a la experiencia de enraizarnos. Sin duda, si el gato pudiera hablar, su conocimiento nos dejaría boquiabiertas.

Los laboratorios de pensamiento corporal nacen precisamente de esta pregunta: ¿qué sabe el cuerpo que todavía no se ha integrado en nuestro conocimiento?

 

Con el pensamiento corporal convocamos ese conocimiento que los cuerpos ya albergan sobre los conceptos que investigamos. Todo aquello que sabemos, pero que normalmente queda fuera del lenguaje y de la conciencia.

¿Y por qué lo hacemos? Porque aquello que dejamos fuera de lo que narramos, poco a poco deja de existir para nosotras.

Sin pretender alcanzar el nivel de conocimiento experiencial de otros animales, queremos recuperar la sabiduría que habita en nuestros cuerpos y tejerla con aquello que ya sabemos y podemos nombrar.

 

Y esta es la estructura que nos permite conversar con todo el cuerpo en estos encuentros:

  • Registramos por escrito una definición inicial del concepto que vamos a investigar.
  • Realizamos una experiencia somática para recoger la información que el cuerpo aporta.
  • Retomamos la elaboración de la definición, incorporando la nueva información.
  • Dialogamos sobre la experiencia para tejer los saberes que han emergido en el grupo.

 

En este proceso, las palabras imensos o que se han vaciado de significado por exceso de uso (como la solidez, el amor, la envidia, el peso…) dejan de ser ideas abstractas y empiezan a mostrar matices que transforman la manera en que nos percibimos, nos movemos y nos relacionamos.

Tere Puig