tensión cervical por estrés

El desasoiego al escuchar «tu tensión cervical es por estrés»

La palabrá estrés como diagnóstico tiene un efecto realmente incapacitante.

Está claro que si uno tuviera la opción de vivir sin estrés ya la hubiera tomado. Entonces ¿qué puedo hacer cuando se afirma que el origen de mis malestares es el estrés?

Primero, darnos cuenta de que eso significa que no se ha encontrado ningún otro origen.

Y a continuación preguntarme por qué a mi el estrés me genera tensión cervical y a mi primo no.

 

 

Los daños que puede generar el estrés no son iguales para todos

Cuando cae una tormenta no me afecta igual si estoy en casa que si estoy a la intemperie.

Si estoy a la intemperie, no es lo mismo si es verano o si es invierno.

Incluso, independientemente del frío o el calor, esa tormenta que me cae encima no me provocará lo mismo si estoy en pleno paseo vacacional o si estoy volviendo a casa despés una dura semana de trabajo.

Cuando la tormenta es mental y emocional, lo mismo.

La tensión cervical por estrés no es solo por estrés ¡Y eso es una buena noticia!

La mayoría estaremos de acuerdo en que las tensiones mentales y emocionales nos generan tensiones corporales. ¿Quién no ha apretado los puños o las mandíbulas en un momento de crisis?

Y es importante recordar que el cuerpo tiene mecanismos para liberar esas tensiones. En muchas ocasiones nos será complicado modular el nivel de presión al que estamos sometidos. Pero podemos buscar la manera de no entorpecer los mecanismos que el cuerpo dispara para gestionar todas esas tensiones físicas que se generan.

Puedo pensar que si a mi primo el estrés no le genera tensión cervical y a mi sí es porque él pone mesnos trabas a su cuerpo para la gestión de la tensión que yo. ¡Y que yo puede aprender a no ponerlas!

Dejar que la tensión nos atraviese

La estructura del hielo no le permite encajar el golpe y  se quiebra.

Foto de  Christian Regg en Unsplash

El impacto en la bola se transmite y genera movimiento.

Vídeo de http://www.videezy.com/

 

Si no queremos rompernos, podemos ejercitarnos para dejar que el impacto del estrés se transmita en nuestro cuerpo. Necesitamos abrirnos al movimiento que genere.

 

¿Cómo lo hago?

Hay diferentes factores que necesitamos atender. Seguro que me dejo varios, pero puedes empezar atendiendo estos:

 

  • Revisa las superficies de sostén que utilizas: desde tus zapatos a las sillas o la cama. Si no tienes un buen lugar donde agarrarte tu cuerpo se aprieta para sostenerte. Y encajar un impacto desde una posición de tensión te situa en  una estrategia tipo hielo.

 

  • Recuerda que tu cuerpo no es como el hielo. Aunque podamos ponerlo al límite y hacer que se comporte como si lo fuera, tiene elasticidad y capacidad de reorganización frente a los diferentes estímulos y situaciones que se presentan.

 

  • Mantén la capacidad de cambiar de estado de tus tejidos: ofrécete a diario momentos de descanso corporal profundo ¡túmbate en suelo cual gato en la ventana! y de movimiento.

 

Más allá de las palabras

Para que tu tensión cervical por estrés empiece a aliviarse puedes empezar así, atendendiendo el terreno donde cae el estrés: tú.

Que tengas presente la información que antes te he dado ya tendrá su efecto. Pero es importante que le des al cuerpo experiencias que te permitan verificarla. Así sí que conseguirás que el estrés no haga estragos en tus cervicales.

Si practicas técnicas corporales habitualmente, con ellas podrás acceder a estas experiencias. Si no, ¡quizá sea un buen momento para empezar!

Hemos preparado un completo workshop online donde podrás poner en práctica todos estos aspectos. Abajo tienes la información, échale un vistazo y contáctame si tienes dudas.

 

Tere Puig