Escuchar al cuerpo.
Esta frase no representa lo que quiero expresar.
Somos cuerpo, por tanto, nos «escuchamos»
Y la escucha hacia lo que somos requiere de unos pasos previos si queremos escucharnos en nuestra totalidad.
Es preciso que nuestra mente consciente no descarte lo que a priori considera ruido.
Necesita aceptar que desconoce muchos de los lenguajes que nuestras otras dimensiones usan cotidianamente.
[Como el gesto.
El amplio y el casi imperceptible.
Comprenderlo sin caer en atribuirle significados previos es de las tareas hermosas a la que nos podemos dedicar.
Reconocerle un espacio y darle el tiempo que no tuvo es ofrecerte una oportunidad de desplegarte y comprenderte.]
La mente consciente necesita alejarse del «Esto ya lo sé»
Eso no es más que una renuncia a descubrir lo que realmente está siendo.
Para atravesar este escollo, es indispensable que esta mente consciente empiece a gozar de contemplar lo que aún no comprende, sabiendo que quizás nunca lo llegue a comprender.
Y con todo eso, requerimos de ella que esté aún dispuesta a arriesgarse.
Que no se niegue a hacer intentos por narrar el caos que contempla.
Con palabras inventadas si es necesario.
En nuestras exploraciones somáticas nos arriesgamos
Exploramos lo que somos.
Descubriendo los lenguajes que de nuestros tejidos emergen.
Dando espacio y tiempo a la contemplación y la compleción del gesto, como fuente de (auto)conocimiento.
Narramos lo que aún no comprendemos, sabiendo que en esos momentos el grupo es una sola voz que nutre a todas las que la componemos.
Y vamos sanando, que no es otra cosa que descubrir, ordenar, comprender y permitir que el equilibrio se mantenga.
[Esto último es lo que llamamos autorregulación]
Tere Puig

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