Durante el mes de marzo, las publicaciones en Instagram en torno a las prácticas somáticas concretas han ido desplegando una idea central que atraviesa toda la práctica: percibir no es un acto libre de consecuencias, es una acción que inicia el proceso de reorganización del organismo.

Lo que ha ocurrido después de cada publicación es donde realmente se ve el alcance de este enfoque: en los comentarios, en las experiencias compartidas, en las preguntas que aparecen cuando la percepción empieza a activarse.

En este artículo recojo ese movimiento conjunto: lo que se expone y propone y lo que emerge cuando otras personas lo llevan a su propia experiencia.

Volver al cuerpo: del control a la percepción

Uno de los puntos de partida ha sido claro: los estados de ansiedad y el pensamiento en bucle no se transforman mediante más control.

La propuesta no ha sido intervenir directamente sobre el pensamiento, sino cambiar el foco de atención hacia algo concreto y accesible:

  • el contacto de los pies con el suelo
  • la temperatura en las manos
  • el ritmo al caminar

Lo que aparece aquí es un cambio de paradigma: no se trata de “gestionar” lo que ocurre, sino de introducir nueva información en el sistema.

Y esa información llega a través de la percepción.

Algunas personas lo nombran como anclaje. Otras, como calma.
Desde la lógica somática, lo explicamos así: la percepción está reorganizando la actividad del sistema nervioso.

Percibir no es sentir: es tomar conciencia de lo que se siente

Compartí una conversación con Nogo, hombre medicina en Burkina Faso, que aún me nutre y me inspira en mis prácticas somáticas.

En sus palabras podemos observar que su saber no proviene de una intuición mágica, sino de una percepción entrenada.

Y nos permiten reflexionar sobre algo clave: sentir no es lo mismo que percibir, y percibir no es lo mismo que comprender.

La percepción, el darnos cuenta de lo que sentimos, puede entrenarse. Y el generar conocimiento a partir de ella se aprende.

Esto cuestiona directamente una idea muy extendida: que el conocimiento válido es sólo el que se explica mediante la palabra.

Sin embargo, en la práctica somática, muchas veces ocurre lo contrario: el saber que surge del percibir precede a la explicación.

El coste de percibir: cuando aparece el desorden

Dedicamos una publicación a una de las experiencias que más se repiten cuando se empiezan las exploraciones somáticas:

“Desde que percibo más, todo parece más caótico.”

Es importante hablar de ello porque, lejos de ser un retroceso, esto es parte ineludible del proceso.

Como explica Joël de Rosnay, toda adquisición de información se paga con un aumento de la entropía.

Cuando entra más información en el sistema, el orden previo se ve inevitablemente alterado. Y eso genera una sensación de desorganización.

Algunas personas lo han descrito como: 

  • dificultad para soltar tensiones
  • cambios que no aparecen de inmediato
  • necesidad de más tiempo para integrar

Otras han señalado algo muy interesante: la aparición de cambios diferidos, como la sensación de ligereza que llega después de un tiempo de espera.

Esto apunta a un aspecto fundamental: la reorganización cuando viene de la mano del cuerpo no siempre es inmediata ni voluntaria. Incluso, a veces, parece ilógica.

Autoimagen y reorganización 

Las prácticas somáticas propuestas han hecho visible algo que suele pasar desapercibido: lo que pensamos sobre el cuerpo modifica su organización.

Cambiar la idea de dónde “empiezan” las piernas ha generado

  • más movilidad
  • mayor sensación de sostén
  • cambios en la postura
  • una sensación de unidad corporal

Una participante lo describe así: “Es como si el cuerpo pensara con mentalidad de la fascia.”

Otra habla de: “más fluidez, más cadencia, sin rigidez.”

Y aparece algo especialmente relevante: el cambio no ocurre por convencimiento o voluntad, sino por reorganización espontánea.

No es una cuestión de creer algo distinto. El sistema se reorganiza a partir del tipo de información que recibe.

El poder de la metáfora: acompañar la reorganización

El experimento con las metáforas (sentirse roca o sentirse nube) ha sido muy revelador.

Las respuestas coinciden en varios puntos:

  • la “roca” genera densidad, rigidez, incluso dificultad respiratoria
  • la “nube” abre, aligera, modifica la postura y el ritmo respiratorio

Hay otras posibilidades que no han aparecido en los comentarios, pero que sí he podido ver en muchas sesiones. Por ejemplo, sentirse roca puede aportar firmeza y sentirse nube, dispersión.

Pero más allá del resultado, en esta ocasión nos interesa fijarnos en el momento de transición.

Ahí es donde se hace evidente algo clave: la manera particular en la que cada sistema se reorganiza cuando cambia el tipo de información que recibe.

Algunas personas han necesitado pasos intermedios (como “esponja”) para poder transitar de un estado a otro. Otras han observado que el cambio no era inmediato, pero sí progresivo.

Esto introduce una idea fundamental para la práctica: no hay una única forma correcta de experimentar y reorganizarse.

Prácticas somáticas cotidianas: pequeños gestos, grandes efectos

Otro de los ejes del mes ha sido introducir la práctica en nuestra vida cotidiana.

La propuestas era simples: percibir el corazón al caminar, observar qué ocurre en los hombros cuando percibimos la pelvis o, al despertar

  • respirar en las vísceras
  • movilizar tejidos suavemente
  • observar el estado del organismo antes de actuar

Pero lo que aparece en los comentarios muestra su profundidad.

Las personas que lo practican hablan de

  • mayor capacidad de escucha durante el día
  • aparición natural de pausas
  • reajustes posturales espontáneos
  • cambios en la organización de las actividades

La propuesta, desde el enfoque somático, no es “empezar el día con energía”, sino empezar el día con información.

Y esa información no sólo nos reorganiza, también modifica las decisiones posteriores.

Cuando la percepción ha sido inhibida

En otro de los posts, en relación con el 8M, señalé algo que atraviesa muchas experiencias: hay personas que han tenido que renunciar a su capacidad de percibir para sobrevivir.

Esto aparece de forma distinta en mujeres y hombres, pero con un punto común: la desconexión de la percepción como estrategia de adaptación.

Y esto tiene consecuencias a largo plazo:

  • dificultad para reconocer lo que ocurre en el cuerpo
  • desconfianza hacia la propia experiencia
  • dependencia de explicaciones externas

En los comentarios, esto se traduce en preguntas como: “¿Cómo sé si necesito contención o expansión?” “¿Cómo interpretar lo que siento?”

La respuesta no es una técnica rápida. Es un proceso de aprendizaje, de recuperación de una habilidad olvidada.

Entre la experiencia y el sistema: el caso de Sara

Uno de los comentarios más complejos que han aparecido abre una dimensión especialmente importante.

Sara describe:

  •  múltiples síntomas
  • ausencia de diagnóstico
  • invalidación médica (“es psicológico”)
  • dificultad económica para acceder a acompañamiento

Aquí la práctica somática no aparece como sustituto de lo médico, sino como una vía para comprender la experiencia mientras el sistema responde (o no).

Esto hace visible la tensión real entre el tiempo del cuerpo, el tiempo del diagnóstico y las condiciones materiales de la vida.

Y plantea una pregunta de fondo: ¿qué ocurre cuando la experiencia no encuentra un marco que la sostenga?

Aprender a percibir sostiene e impulsa los procesos de cambio

Si algo ha quedado claro a lo largo del mes es esto:

  • Percibir introduce información
  • La información genera desorden 
  • El desorden es parte del aprendizaje
  • La reorganización es fruto de ese aprendizaje y no siempre es inmediata
  • Y cuando ocurre, transforma la manera de estar en el mundo

La práctica somática no busca imponer cambios, sino crear las condiciones para que el sistema pueda reorganizarse.

Y eso implica dos aprendizajes inseparables:

  • percibir
  • elaborar lo que se percibe

Lo que muestran todos los intercambios a raíz de las publicaciones, es que este proceso ya está en marcha.

A veces como curiosidad, otras como necesidad y otras como una forma de recuperar algo que, en realidad, nunca se perdió del todo: sólo dejó de ser escuchado.

El punto en el que muchas personas se detienen, no por falta de capacidad sino por falta de espacios seguros para hacerlo, es el de la elaboración

La percepción se entrena, pero comprender y poder operar con lo que aparece requiere aprendizaje.

Un aprendizaje que no pasa por acumular técnicas, sino por transformar la forma en que se construye el conocimiento.

Tere Puig