«Ha sido un placer realizar el movimiento de torsión sintiendo una continuidad desde el inicio hasta el final», decía Mireia al terminar la sesión que dedicamos al movimiento de omóplatos y clavículas.

 

¿Cómo realizamos las torsiones habitualmente?

Cuando uno expresa que siente placer por la continuidad de un movimiento determinado es porque habitualmente esta continuidad no está presente en ese movimiento.

Imaginémonos sentados y girándonos para coger algo que está detrás nuestro. O mejor, hagamos ese gesto.

Es frecuente que en un movimiento de torsión, una parte del cuerpo quede fija y la otra gire. Estando sentados, probablemente pies, piernas y pelvis se han mantenido inmóviles y hemos girado el tronco.

Y en ese girar del tronco… ¿se han movido las costillas o ha sido la cabeza o el brazo los que han hecho la mayor parte del movimiento? ¿Qué ha hecho el abdomen?

Podemos conseguir realizar un movimiento de torsión de múltiples formas, pero no siempre escogemos la más adecuada

Tenemos la habilidad de alcanzar ese algo que está detrás nuestro de muchas maneras pero ¿podemos ser más eficaces en el movimiento? ¿podemos hacer que el movimiento sea placentero?

Quienes me conozcan saben que no defiendo una mejor manera de realizar ni este ni cualquier movimiento. Y también saben que tomo el placer como indicador de eficacia en el gesto.

Existe siempre una mejor manera, pero siempre en función de la persona y de su momento. Buscamos siempre el movimiento que necesite menos energía para conseguir un máximo beneficio. El que use de manera óptima los recursos disponibles para alcanzar nuestro objetivo: coger un vaso, levantarnos de una silla, caminar,… Y cuando esto sucede, la optimización de nuestros recursos, moverse es una delicia.

Entonces, no podemos describir una mejor manera de realizar una torsión que sirva para todo el mundo. Pero sí podemos describir la manera en la que podemos implicar todos esos recursos disponibles para cada uno a la hora de movernos.

¿Es que no siempre usamos todos los recursos que tenemos a nuestra disposición?

No, no siempre lo hacemos. Muchas veces nuestra pelvis podría acompañar el gesto de giro y facilitarlo, pero por hábito no lo hacemos, y por falta de conciencia corporal no lo detectamos. O cualquier zona del cuerpo, depende de cada persona.

«He podido sentir un mayor rango de giro al deslizar las escápulas al final del movimiento», nos ha comentado Montse en la misma sesión.

Ahí tenemos las dos claves para empezar a descubrir nuestros recursos y dejarlos disponibles para el movimiento, ambas ligadas a la conciencia corporal:

  • Observar como nos movemos: descubrir que recursos estamos utilizando.
  • Preguntarnos si podemos movernos de otra forma para llegar al mismo lugar: la exploración de los recursos que aun no se están utilizando.

Y en cuanto a la realización de torsiones ¿qué recursos podemos estar pasando por alto?

Los recursos que podemos estar pasando por alto en los gestos de torsión, también pueden estarnos dificultando otros movimientos. Pero en el giro concretamente el deslizamiento entre las diferentes dimensiones corporales aporta una ventaja extraordinaria en cuanto a eficacia y placer.

Me refiero al deslizar entre vísceras, músculos, fascias, pleuras, huesos

El deslizar de las escápulas que comentaba Montse, hace referencia al movimiento entre escápulas y costillas a través del deslizamiento sobre los tejidos que existen entre ambas estructuras. Y en una sesión centrada en pelvis, las personas hablan sobre el deslizamiento de la vejiga o el útero dentro de ella y de cómo esto suaviza y abre el giro de manera sorprendente.

En resumen…

Una torsión placentera pasa por:

  • Una clara percepción de las tres dimensiones: visceral, óseo-articular y conectiva.
  • La detección de las zonas corporales o dimensiones que no están participando del movimiento: como elemento de sostén o como motor.
  • El tiempo y la predisposición a dejarse sorprender por la natural reorganización del cuerpo a medida que los recursos de los que dispone entran en escena.
  • Reconocer, explorar, desplegar y disfrutar plenamente la sensación de deslizamiento en nuestros tejidos.

Restablecer el movimiento natural necesita del tiempo que no nos dimos.

 

Tere Puig

 

(Foto de Dane Wetton en Unsplash)