Lo que la práctica corporal con enfoque somático me ha revelado sobre el dolor de espalda

El dolor de espalda, aunque puede desencadenarse repentinamente por un suceso determinado, siempre es consecuencia de una organización corporal que se ha sostenido a lo largo del tiempo.

Esto no significa que dicha organización sea nociva en sí misma. Si el organismo la ha tomado y sostenido es porque ha sido la mejor solución, teniendo en cuenta los recursos disponibles y las circunstancias en las que nos encontramos (J. Tolja, 2005).

Es decir, esta estrategia postural y de movimiento ha sido funcional durante todo el tiempo que se ha mantenido. Y ha sido necesaria para llevar adelante la vida que llevamos.

 

Entonces ¿por qué en un momento dado se empieza a producir dolor?

 

Este dolor traducido en palabras podría ser así:

Esta organización corporal, si bien es útil, está empezando a tener un coste excesivo. Los recursos no son los mismos de antes ¡busquemos nuevas opciones!

 O…

Las circunstancias han cambiado, esta estrategia corporal ya no es de utilidad. Comprendamos cuál es la situación actual ¡y reorganicémonos!

Vemos que en cualquiera de los dos casos, es necesario actualizar la  información que estamos manejando.

¿Qué nos propone el enfoque somático?


Bien necesitamos verificar cuáles son los recursos que tenemos a disposición, para seguir adelante con la vida que llevamos, y en qué condiciones se encuentran.

  • ¿Puedo contar con la fuerza de mis huesos?
  • ¿Qué tejidos cuentan ahora con mayor vitalidad?
  • ¿Qué zonas corporales precisan descanso?

Bien necesitamos verificar qué circunstancias han cambiado que llevan a hacer de esta estrategia un esfuerzo innecesario. 

  • La situación que estoy sosteniendo ¿sigue necesitando ser sostenida?
  • Mi necesidad de mostrarme fuerte en todo momento ¿sigue activa?
  • Lo que me impedía tomar el descanso que necesito ¿sigue estando presente? 
El cómo hacer estas verificaciones es crucial

Evaluar todo esto en base a lo que pensamos que debe ser, o no debe ser, no nos va a llevar muy lejos.

De hecho, este tipo de evaluación es la que nos lleva a mantener una estrategia postural y de movimiento que es demasiado costosa en términos de vitalidad.

 

Es preciso que podamos pensar esto corporalmente, con la información de la que somos conscientes y de la que no lo somos.

Por ejemplo, si ahora me pregunto si cuento con la fuerza de mis huesos, voy a responder en función de lo que pienso sobre mis huesos o los huesos en general.

Por el contrario, si realizo una práctica corporal que me permite evaluar cuánto me sostienen o no los huesos de mis piernas, mi respuesta va a tener en cuenta la información real que acabo de recoger de la experiencia.

 

El dolor de espalda no desaparecerá hasta que podamos abandonar la organización corporal que lo genera

Para ello puede ser que una simple toma de conciencia sea suficiente.

O puede ser que nos tome años realizar la transición.

Y esto no depende sólo de lo voluntariosa o bien dispuesta que sea la persona para realizar el cambio.

Cada cambio personal genera un cambio en la estructura que estamos inmersas y la decisión de cómo y cuándo realizar los ajustes necesarios sin poner en riesgo ni a la persona ni al entorno, requiere de la participación protagonista de la inteligencia corporal.

Hacer todas estas verificaciones para poder tomar decisiones, teniendo en cuenta el punto de vista del cuerpo, sobre los cambios posibles en función de las circunstancias, nos llevará a recorrer el camino de mejora integrando recursos: los que ofrece la medicina, lo que ofrece la kinesiología o fisioterapia y los que el propio organismo dispone y desarrolla.

 

Tere Puig